Ellos son la mejor “Innovación”

Hace unas semanas me pasó algo bastante curioso, pero que, la verdad, quizá ya no me sorprende tanto. Os pongo en situación. Hace unas semanas que mis chicos de sexto de primaria no dejan de jugar a uno de los juegos más clásicos y sencillos de todos los tiempos, el “Tres en raya”. Puesto que lo único que se necesita para jugar es un lapicero y un papel, las partidas no cesaban y en cuanto me daba la vuelta cualquier hoja de cuaderno servía para jugar una partida casi de forma clandestina.

Así que viendo la situación, decidí unirme al enemigo y llevarlo a mi terreno. Saqué unas copias de un tablero de “Tres en raya” que encontré por Internet, con la esperanza de que aprovecharan el tiempo de trabajo sabiendo que después podrían jugar sin tener que esconderse, como premio al trabajo bien hecho. Cuando el trabajo estaba terminado, la clase se convirtió en un torneo a gran escala de partidas de tres en raya, y yo por supuesto me uní a la diversión. Todos estábamos pasando un buen rato entretenidos entre partida y partida, cuando de repente me di cuenta de que al otro lado de la mesa dos chicas jugaban de una forma un poco extraña. Habían decidido cambiar las reglas del juego y en lugar de jugar con un solo tablero ahora jugaban con dos, el tres en raya ya no era suficiente, ahora estaban jugando a un juego mucho más entretenido para ellas, el “Seis en raya”. La mecánica del juego era bastante parecida, los jugadores debían ir colocando sus fichas en los distintos puntos del tablero de uno en uno, y una vez colocadas todas las fichas, si ninguno de ellos hubiera conseguido hacer “Seis en raya”, debían cambiar las fichas colocadas de una en una hasta conseguir su objetivo. En un principio me pareció algo bastante difícil puesto que conseguir un “Seis en raya”, propiamente dicho, era muy complicado. -Es sencillo que el contrario corte la jugada- pensaba, sin embargo me dí cuenta de que también habían incluido otra variante. Aunque debían hacer “Seis en raya”, la raya podía tomar dos direcciones distintas siempre y cuando estuvieran unidas por un extremo, y esto hacía que las posibilidades de conseguir el “Seis en raya” aumentaran exponencialmente. El juego ya no parecía tan difícil como se intuía en un principio. La estrategia tomaba mucho más sentido ahora, puesto que no solo se trataba de conseguir colocar tus fichas en la posición adecuada sin que el contrario cortara tu jugada, sino que también podías contar los movimientos que debía hacer tu enemigo para conseguirlo y comprobar si tú podrías conseguirlo en menos movimientos.

-Algunas de las posibilidades de acierto.-

Quizá sea el mejor juego del mundo, o quizá ni siquiera os den ganas de jugarlo por una segunda vez, pero en realidad eso es lo de menos. No me importa ni siquiera que el juego que han creado sea el peor juego del mundo. Lo que realmente me pareció muy curioso es la necesidad que tuvieron de cambiar, de intentar mejorar aquello que tenían entre manos. Los niños no es que no tengan miedo al cambio, sino que el cambio es su forma de vida, lo buscan en cada paso que dan, creciendo y compartiendo experiencias con sus iguales, viven en un constante “salir de la zona de confort” que tanto buscan los adultos años más tarde, y si algo tengo claro, es que mis alumnos no pueden ser sólo meros receptores en mi día a día docente, ellos tienen mucho que decir y mucho que aportar. Ellos, desde luego, son la mejor innovación que podemos encontrar en la actualidad. 

Innovación 1

 

Albert Einstein dijo; -“El mundo que hemos creado es un proceso de nuestro pensamiento. No puede ser cambiado sin cambiar nuestro pensamiento.”- En mi opinión, muchos adultos tenemos cierta aversión y prudencia ante el cambio, puesto que puede conllevar perder el poco control que tuviéramos de cualquier realidad, y por esta razón se avanza con pies de plomo con cierta regularidad. Y sí, la prudencia y la experiencia deben ser buenos acompañantes,, eso es cierto, pero no pueden marcar nuestro camino. Mi humilde consejo como docente que quiere mejorar la educación que puede ofrecer a sus alumnos es el siguiente: Prueba, cambia, crea, transforma, y si en algún momento las dudas no te dejan avanzar, confía en tus alumnos, puede que ellos tengan más respuestas de las que pudiste imaginar.

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